Skip links

Mostaza, el fútbol y la rutina de no tener rutina

Paraguay volvió a un Mundial después de 16 años, y el entusiasmo movilizó a muchas marcas a ser parte de la conversación. Algunas lo lograron con más naturalidad que otras. En el caso de Mostaza, todo se dio de forma casi perfecta, ya que la cadena argentina tiene como slogan «Nunca te achiques», un concepto que respira actitud y picardía rioplatense, y que en Paraguay encontró un significado todavía más potente desde que la marca se convirtió en sponsor oficial de la Albirroja justo antes de su regreso al Mundial para medirse con verdaderos gigantes del fútbol.

Como agencia, sentimos que era el momento de llevar el lema de Mostaza más allá de las fronteras. Así nació la idea de canalizar, a través de la marca, los mensajes de aliento de todo un país y proyectarlos en carteles de vía pública en las inmediaciones del Lincoln Financial Field, en Filadelfia. De paso, logramos que la marca tenga una llamativa presencia en un país donde no existe.

Ese partido marcó el fin de la participación de Paraguay en este Mundial, y pensé, naturalmente, que los ánimos y todo ese fervor albirrojo mermarían considerablemente. Pero el público paraguayo estaba por darme una lección que terminé de comprender recién el 19 de julio, cuando Julio Enciso visitó el Mostaza delSol. Cientos de personas, increíblemente, montaron campamento frente al local desde la madrugada para conseguir un número, conocerlo en persona y tomarse una foto con él.

Una vez dije en un reel que en publicidad no hay dos días iguales. Ni yo me tomé muy en serio esa frase, pero hoy la sigo sintiendo cierta. Ese domingo armamos un dream team integrado por gente de cuentas, medios y creatividad para hacer cosas que poco o nada tenían que ver con nuestros cargos. Fuimos encausadores, fotógrafos, cineastas, patovicas, papás, mamás, nietos y unas cuantas cosas más, exprimiendo el sentido común durante unas cuantas horas intensas, lejísimos de nuestra zona de confort y con un solo objetivo: que todo saliera bien para la gente, para la marca y, en consecuencia, para nosotros.

Nuestra misión no fue otra que administrar la euforia del público. La tarea no fue fácil. Había niños tan entusiasmados como quien está por conocer a un superhéroe. Pero también había gente mayor, muy mayor, que, curiosamente, tenía la misma expresión de asombro y felicidad que los niños. Me pareció una coincidencia muy adorable y emotiva, como una conexión entre dos extremos.

 

Mostaza encontró la forma de conectar con su gente a través de un hecho histórico y de un concepto que te invita a enloquecerte. Y nosotros fuimos el puente entre la marca y su público.

Durante esas horas, la gente vivió en el mundo de Mostaza: un mundo donde la locura seguía sin importar la eliminación. Ese es el mundo que ayudamos a construir como agencia. Siempre con la misma idea: ser el puente entre la gente y la marca.

Ese domingo, Lupe no se achicó. Salvo yo, que con mis dos metros de altura tuve que pasar buena parte de la tarde agachado para no tapar la visual de los cientos de personas que gritaban el nombre de este querido y prometedor volante ofensivo, que estoy seguro de que todavía nos va a regalar, por lo menos, tres mundiales más.